La vida ajetreada que la nueva sociedad, en especial la occidental, ha implementado, ha hecho que los horarios para descansar y dormir se reduzcan cada vez más.

Las largas horas laborables, las distancias que hay que recorrer de un punto a otro, el tráfico que se genera en ese traslado más las tareas de casa hacen que dediquemos poco tiempo para dormir y ya no se diga descansar.

Si a este ritmo de vida le sumamos las horas que se dedican a la socialización, como es el salir a pasear o de fiesta por las tardes-noches o pasar más tiempo del recomendable frente al televisor, con la idea de conseguir desacelerarte del largo día, hacen que poco a poco bajemos las horas efectivas de sueño.

Los especialistas coinciden en que lo ideal es dormir por la noche, en un cuarto obscuro, bien ventilado sobre una buena superficie adecuada, durante un mínimo de siete horas.

Menos de esto es compararlo prácticamente a un suicidio biológico e incluso el dormir a ritmos cambiantes tampoco ayuda a la salud, ya que nuestra biología no está diseñada para eso.

Después de leer esto me pregunto, ¿cuántas personas que se encuentran activamente laborando o estudiando duermen en promedio 7 horas diarias bajo un horario “estable”?

Salvo los bebés, donde mamá tiene el control y el mismo bebé hace caso de su reloj biológico, la mayoría del resto de los mortales cedemos ante nuestras actividades diarias, impuestas por nuestro trabajo y responsabilidades, y por la imposición social.

Cuántas veces no escuchamos al día “hoy no dormí bien”, “estoy cansado”, “tengo sueño”, “estoy estresado”, “me siento ansioso”, “no me concentro”, o sabemos que tuvo algún tipo de accidente por “quedarse dormido”, ya sea en el trabajo o manejando.

Estas son solo algunas de las consecuencias que se observan por no seguir nuestro reloj biológico, por no tener hábitos saludables en cuanto al sueño se refiere.

La cosa no para aquí, ante estas sensaciones lo que viene detrás es la somnolencia, el cansancio o la función neurocognitiva.

Se generan problemas cardiovasculares, como la cardiopatía isquémica e ictus. Y aunque no lo creas, das pie a uno de los problemas más serios que la sociedad moderna está enfrentando, como lo es la  obesidad infantil, afectando también a los adolescentes y adultos.

Todo comienza desde casa y a temprana edad. Si desde la tierna infancia se inculcan hábitos saludables, como el irse a dormir a una hora determinada, cubriendo las necesidades mínimas del niño de acuerdo a su edad, estaremos dejando una buena semilla, ya que muchos casos de insomnio infantil son conductuales.

Si esto lo aplicamos en los pequeños, hay que dar ejemplo los adultos. Es importante conocer lo que hacemos todos los días y encontrar aquello a lo que le dedicamos un tiempo que bien se puede transferir al descanso y poder así implementar un horario, lo más fijo posible para ir a dormir y si se cubren al menos 6 horas de sueño, qué mejor.

Además de lo anterior, es importante contar con una habitación adecuada para dormir, la cual se encuentre bien ventilada y que nos invite al descanso.

Contar con colchones adecuados es también un punto a tomar en cuenta, ya que en él pasaremos cerca de 6 horas y estar sobre nudos o resortes no suena nada atractivo.

Otro tip interesante a considerar y si tus actividades te lo permiten es el incluir un tiempo para una siesta de entre 20 o 30 minutos, ya que te ayuda a retomar energía.

Importante, si durante el día te estás cayendo de sueño y decides tomar una siesta que se prolonga más allá de 30 minutos y es un cuadro que se repite constantemente, entonces habrá que darle importancia, ya que se puede estar manifestando un síntoma de somnolencia excesiva que puede estar ligado a la privación de sueño o se está manifestando alguna enfermedad relacionada con el sueño.

Así que toma en cuenta estas líneas: el sueño es un proceso biológico para vivir y vivir bien. ¡Dulces sueños!